A pitufear a otro lado. Llega una nueva película de los Pitufos, y con ello un intento más de revivir a la creación del artista de cómics belga Peyo. Y, una vez más, queda en un triste intento.
Pitufos no sabe lo que es, no sabe para quién es y no sabe llevar su historia. Caracterizada por decisiones cuestionables, un guión sumamente caótico (y no en el buen sentido) y una banda sonora poco memorable, el intento de revivir a la icónica franquicia nuevamente no funciona, y parece ser que en eso quedará, en en un intento más.
Decir que es peor que sus predecesoras live action es complejo, ya que es difícil poder poner un punto de comparación entre dos visiones tan distintas, que lo único que las une es lo poco que parece importarles el material original. La cinta intenta, y de verdad intenta, dar un mensaje de autenticidad para su público infantil, pero termina perdiéndose en constantes cambios, chistes sin sentido (preocupante no escuchar a nadie reírse en una sala de cine) y giro injustificado tras giro injustificado. Al final, la historia sobre el autodescubrimiento de Sin Nombre, nuestro personaje principal, queda en un chiste más. Tristemente, en su dirección, Chris Miller, quien tiene amplia experiencia en proyectos de animación como Puss in Boots (2011), en la que fue director, no termina por dar una versión definitiva de los legendarios personajes y entrega una de las peores películas animadas de los últimos años.