“Smurfs” (2025)

A pitufear a otro lado. Llega una nueva película de los Pitufos, y con ello un intento más de revivir a la creación del artista de cómics belga Peyo. Y, una vez más, queda en un triste intento.

Pitufos no sabe lo que es, no sabe para quién es y no sabe llevar su historia. Caracterizada por decisiones cuestionables, un guión sumamente caótico (y no en el buen sentido) y una banda sonora poco memorable, el intento de revivir a la icónica franquicia nuevamente no funciona, y parece ser que en eso quedará, en en un intento más.

Decir que es peor que sus predecesoras live action es complejo, ya que es difícil poder poner un punto de comparación entre dos visiones tan distintas, que lo único que las une es lo poco que parece importarles el material original. La cinta intenta, y de verdad intenta, dar un mensaje de autenticidad para su público infantil, pero termina perdiéndose en constantes cambios, chistes sin sentido (preocupante no escuchar a nadie reírse en una sala de cine) y giro injustificado tras giro injustificado. Al final, la historia sobre el autodescubrimiento de Sin Nombre, nuestro personaje principal, queda en un chiste más. Tristemente, en su dirección, Chris Miller, quien tiene amplia experiencia en proyectos de animación como Puss in Boots (2011), en la que fue director, no termina por dar una versión definitiva de los legendarios personajes y entrega una de las peores películas animadas de los últimos años.

“Superman” (2025)

Finalmente, tras más de 10 años sin una película en solitario, el Hombre de Acero vuelve para una aventura stand alone en el cine. Y qué manera de hacerlo de la mano de James Gunn (‘Guardians of the Galaxy’), quien sin duda prueba haber sido la elección correcta para el nuevo capítulo de DC en el cine, ahora bajo el nombre de DC Studios.

En ‘Superman’, hemos dejado de largo la historia de origen de nuestro kriptoniano favorito, y vamos directo a lo que hace tan interesante esta película: Superman en su punto más vulnerable, e irónicamente, en su momento más humano. David Corenswet (‘Twisters’, en donde lo hace estupendo) verdaderamente le da una nueva vida al icónico personaje y, aunque batalla por ser el centro de la película que lleva su nombre, principalmente por el gran carisma de sus coprotagonistas (Te quiero mucho, Nathan Fillion como Guy Gardner), logra elevar la cinta.

Nicholas Hoult (‘Juror #2’) como Lex Luthor presenta una visión contemporánea del millonario excéntrico y obsesivo, obsesionado con controlar la verdad y la narrativa, y que se encuentra dispuesto a sacrificar todo con tal de obtener más y más poder. La disección de la humanidad de Superman, aunque con una decisión que no termina por convencerme, prueba ser un terreno de juego lo suficientemente interesante como para dar un giro a una historia tan conocida.

La historia, aunque con sus altibajos, logra presentar de forma efectiva un universo DC alejado del “realismo” que lo caracterizó en años recientes, y verdaderamente presenta un terreno colorido, con optimismo, justo en el momento en que más lo necesitamos. Este es el Superman del 2025. Este es el Superman de un mejor mañana.

“How to Train Your Dragon” (2025)

Cuando me enteré del desarrollo de un remake live action de How to Train Your Dragon, inmediatamente fui escéptico. Una película con apenas 15 años de lanzamiento, claramente muy buena y llena de momentos memorables, ¿pero necesitaba un remake? ¿Verdaderamente lo demandaba? Lo dudo mucho.


Para mi sorpresa, este live action verdaderamente logra capturar la magia de su versión animada, presenta la ya conocida historia para toda una nueva generación y se mantiene como una adaptación bastante fiel a su versión animada. La fórmula, creo yo, se encuentra en la dirección de Dean DeBlois, codirector de Lilo & Stitch (2002) y de How to Train Your Dragon (2010), quien sabe expandir lo necesario para entregar una cinta mucho más desarrollada y cercana, y quién mejor que alguien que ha estado cerca de la historia durante tantos años. Igualmente, la banda sonora, nuevamente a cargo de John Powell, sigue siendo un espectáculo auditivo que alimenta la emoción de la historia y la lleva a nuevos niveles.
Una de las mayores virtudes de la cinta se encuentra no solo en su fantástico CGI, sino en que logra que su mensaje de inclusión y aceptación sea más relevante que nunca, mostrando que la diversidad y la empatía son valores universales, incluso en reinos llenos de dragones y vikingos.


Si es o no la mejor adaptación de una película animada a live action es una cuestión que solo podremos discutir en retroceso, pero es innegable que hay un gran trabajo y un genuino cariño a Chimuelo, Hipo y compañía.

“Final Destination: Bloodlines” (2025)

Una trama digna de episodio de serie de The CW. Muertes creativas y dignas de rompecabezas. Más de un diálogo sin sentido. La nueva entrega de la saga de Final Destination lo tiene todo, y nada menos de lo que prometió con tan solo ver el póster y conocer la saga. Es exactamente lo que uno espera de una entrega moderna de Destino Final: exceso, muerte y diversión culpable.

En Final Destination: Bloodlines (o Destino Final: Lazos de Sangre), la estudiante universitaria Stefanie (Kaitlyn Santa Juana) vive una violenta pesadilla cada noche, lo cual ha comenzado a afectar su vida personal y académica. Desesperada, regresa a su hogar para encontrar a la única persona que podría ayudarla a romper el ciclo y evitar la espeluznante maldición de muerte que se cierne sobre su familia.

Sin demasiado embrollo y con una secuencia inicial digna de lo más extremo de la saga, la sexta entrega de Destino Final cumple con lo que ofrece en un inicio: trama digna de novela, mantiene al espectador al filo del asiento adivinando las gráficas circunstancias de la siguiente muerte en pantalla, y mucho estilo sobre sustancia. Y funciona.

Un guión que no es, ni pretende ser, una obra maestra del horror. Una historia que flota en lo apenas necesario para lograr comprender a los personajes, pero que, dentro de todo ello, entrega un entretenido (y muy gráfico) rompecabezas de muertes inevitables. Un regreso creativo para una saga que no pintaba con mucho futuro.

“Thunderbolts” (2025)

Desde el año pasado, con su presentación en San Diego Comic-Con, el MCU mostró su determinación por corregir su rumbo hacia el final de la Saga del Multiverso, el segundo capítulo dentro de su universo cinematográfico. Si hubiera una palabra para describir los proyectos que han llegado desde Avengers: Endgame, sería desigual. Con proyectos de gran recepción y excelente storytelling, como Guardians of the Galaxy Vol. 3 o Agatha All Along, y genuinos desastres como Ant-Man and the Wasp: Quantumania, el MCU ha batallado para volver a encontrar su estribo. ¿A qué se le puede atribuir? No hay una sola respuesta, pero algunas de las razones pueden ser la abundancia de proyectos tanto en cines como en Disney Plus, la pérdida de una visión cohesiva, y una que no se ha discutido lo suficiente: el cambio generacional.

Thunderbolts es una de las primeras cintas de este universo que abrazan los triunfos de los Vengadores como algo de antaño, algo de “otra generación”, y algo que quizá nunca vuelva a repetirse con la misma magnitud, y busca que eso repercuta en la historia. En ello es donde Thunderbolts logra despegarse de varias de las películas que le han antecedido: precisamente en reconocerse como algo distinto y un firme paso hacia adelante. Al decidir incluir temáticas no tan exploradas en el género, como la salud mental y la depresión, la cinta logra presentar una mirada diferente a la figura del héroe.

Thunderbolts presenta a un grupo de supervillanos poco convencional que es reclutado para hacer misiones para el gobierno: Yelena Belova (Florence Pugh), Bucky Barnes (Sebastian Stan), Red Guardian (David Harbour), Ghost (Hannah John-Kamen), Taskmaster (Olga Kurylenko) y John Walker (Wyatt Russell). Después de verse atrapados en una trampa mortal urdida por Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus), estos marginados deben embarcarse en una peligrosa misión que los obligará a enfrentarse a los recovecos más oscuros de su pasado. Florence Pugh es el alma y motor de la historia, y es Yelena quien atraviesa el mayor desarrollo de personaje en la película.

Lo mejor de la cinta radica en la dinámica que existe entre su roto grupo de personajes, quienes en su mayoría reciben un mejor trato que en proyectos anteriores. Es este grupo de antihéroes el que, por medio de un gran trabajo de diálogo, logra impulsar la historia hacia adelante, en medio de un caos sumamente disfrutable y entretenido. Tal vez Thunderbolts no revolucione el género del cine de superhéroes, e incluso cargue con algunos de los vicios naturales del mismo, pero no se excede en tratar de emular el pasado.

Si buscas una nueva mirada al universo de Marvel con un grupo de misfits, es la película para ti. Ah, y quédate para ambas escenas postcréditos.