“Snow White” (2025)

Más de 87 años después de la llegada de la cinta animada de Disney, ‘Blancanieves’ llega a la inevitable versión live action del clásico. Como gran reflejo de los discursos en línea contemporáneos, llega con polémica por sus protagonistas y con resistencia de ciertos grupos a ver a una latina interpretar al personaje titular.

Primero lo primero: Rachel Zegler es la única que evita que la cinta sea un completo desastre. En medio de una adaptación pobre, de un diseño de producción mediocre y de un triste intento de extender la historia de la cinta original, es ella quien luce como la única capaz de brindar una buena actuación y de prestar su increíble voz a las canciones. El resto, ni qué decir: una Gal Gadot totalmente fuera de personaje y un elenco que no aporta en lo absoluto a la historia. Los discursos de una reinvención de personaje quedaron en la exageración, y la cinta se dedica a ser frívola al ofrecer una nueva perspectiva a la historia y simplemente nunca lo hace.

‘Blancanieves’ no es la peor adaptación live action de Disney a la fecha, pero tampoco es la mejor, quedando en ese justo medio; en lo seguro, en lo familiar y en el cuestionamiento de qué pudo ser.

“Novocaine” (2025)

Con justa razón, Jack Quaid se ha convertido en uno de los actores preferidos de Hollywood. Tras su actuación revelación en The Boys, ahora llega con Novocaine, una cinta que nos presenta a Nathan, un hombre con una condición que le impide percibir el dolor físico.

Situada en San Diego, la película es una altísima dosis de adrenalina y entretenimiento puro. Una historia que, entre líneas, podría parecer burda o “simplona”, pero que en realidad es un gran ejercicio creativo. Un guion bien estructurado, incluso metódico, que aprovecha al máximo la locura de su premisa y no escatima en presentar un sinfín de escenarios ante la pregunta: ¿Qué pasaría si…?

Un aspecto más a su favor: es divertida. Muy divertida. Llena de adrenalina, sí, predecible, pero eso no le resta mérito a su resultado final. La película no pretende revolucionar el cine de acción en su ejecución, sino más bien en el cambio que presenta su escenario: la falta de dolor. Con esto, los directores Dan Berk y Robert Olsen aprovechan al máximo su patio de recreo narrativo y visual.

Claramente, una de las mayores sorpresas hasta ahora, con un Jack Quaid en su elemento y un sinfín de escenas de acción muy bien ejecutadas, cada una más impresionante y creativa que la anterior.

“Captain America: Brave New World” (2025)

Seis años después de haber adquirido el escudo en Avengers: Endgame y cuatro años después de convertirse en Capitán América en Falcon and the Winter Soldier, Anthony Mackie toma completamente el manto en su primera incursión en la pantalla grande como el legendario personaje.

¿El resultado? Una película que, más que notable, se vio afectada por sus constantes cambios detrás de escenas, sus constantes reestructuras y regrabaciones, que terminaron por mermar lo que pudo ser una historia sumamente interesante.

Captain America: Brave New World claramente no es un desastre, pero tampoco es una entrada triunfal en el MCU, que es lo que más necesitaba la franquicia a poco más de un año del lanzamiento de Avengers: Doomsday, que estrena en mayo de 2026. Por desgracia, Brave New World continúa la tendencia de tratar de ser demasiado en una sola cinta, de corregir sobre la marcha y falla en su anhelo de emular el triunfo que fue Captain America: The Winter Soldier en 2014.

¿Notas positivas? Finalmente hay una película dentro del MCU que se percibe consecuencial, haciendo referencia a eventos de cintas pasadas y que aportan directamente a la trama.

Tristemente, ni un Anthony Mackie con toda la intención (y capacidad) de cargar con el legado de Cap pudo salvar a una película que se siente como un triste intento de una recapitulación de los mejores hits de Marvel en el cine.

“Wolf Man” (2025)

Bienvenido enero. Junto a enero llegan nuevos propósitos, metas e ilusiones. Pero también, junto al primer mes del año, llegan algunos de los títulos a salas que pueden ser un absoluto volado. En esta ocasión, una película que pasó por un gran número de directores e incluso tuvo a Ryan Gosling como protagonista en algún momento, finalmente llega a las salas de cine: Wolf Man u Hombre Lobo.

La historia sigue a Blake (Christopher Abbott), un hombre atrapado en una vida desbalanceada como esposo y padre. Tras la desaparición de su propio padre y la herencia de una remota casa rural en Oregón, Blake convence a Charlotte (Julia Garner) y a Ginger (Matilda Lutz) de hacer un viaje a la propiedad con la esperanza de reconectar como familia. Sin embargo, lo que comienza como una búsqueda de unión familiar toma un giro siniestro cuando una presencia misteriosa los ataca durante la noche y lastima a Blake, quien poco a poco comienza a convertirse en lo que más teme.

Tras su aclamado trabajo en Invisible Man (2020), Leigh Whannell intenta aportar un giro fresco a la clásica historia del hombre lobo, pero lo que presenta en su dirección no es más que decepcionante. Lo que pintaba en su construcción como una experiencia íntima, contenida y genuinamente aterradora, al ubicarse gran parte de la historia en una sola locación, termina por convertirse en largos momentos de espera, diálogos extraños y muy, pero muy poco del personaje titular.

Además, las actuaciones hacen lo mejor que pueden con el material limitado que tienen, pero se ven detenidas por problemas técnicos. Uno de los más notables es la iluminación, con muchas escenas clave, especialmente las de acción, quedando rodeadas en una literal oscuridad. No me refiero a una oscuridad en su temática, sino en un severo problema de la ejecución de la iluminación a lo largo de sus escenas en la casa y las contadas escenas de terror.

Con esta versión, queda en el aire si el hombre lobo podrá encontrar un lugar sólido en el cine moderno.

Estrena el jueves 23 de enero en salas de cine.

Calificación: 5.5/10

MVP: Los poco más de 5 minutos en pantalla que debe tener el hombre lobo.

“Meg 2: The Trench”

¿Por dónde empezar? Creo que es bastante obvio que en ‘Meg 2′: The Trench’ regresan los temibles tiburones que se creían extintos, Jason Statham es absolutamente indestructible, tanto por su plot armor como por sus habilidades de teletransportación, que quedan a relucir con la terrible edición de esta película. Es verdad, su personaje puede estar en punto A, y aparecer un par de cuadros después en punto B. ‘The Meg’, estrenada en 2018, sabía lo que era: una película de tiburones gigantes y destructores, sin demasiados dimes ni diretes. Ahora, su secuela se extravía en un mar de oportunidades desperdiciadas y es experta en el juego del auto-sabotaje. Lo último que una película así necesitaba era una especie de trama densa, con un sinfin de personajes y 2/3 de la película en donde su personaje titular, brilla por su ausencia.

La película se debate entre tratarse a si misma como una cinta seria de acción (de verdad, por gran parte de su tiempo lo intenta), y ser una película glorificada tipo B, que es en donde hay destellos. Las promesas de emoción sin sentido, adrenalina y momentos inverosímiles, quedan en meros chispazos, mientras la trama naufraga en un océano de ideas a medio cocinar. Los personajes, por su parte, son tan planos como las aguas en las que la película pasa tanto tiempo.

En lugar de liderar con fuerza y llegar a puerto como una versión mejorada y en esteroides de su antecesora, ‘Meg 2: The Trench’ se hunde en el abismo de la decepción y resulta difícil no considerarla como una de las peores películas del año, y una obra que naufraga en su propia falta de rumbo.

La frase: “Escúchame, weon. Jason Statham detiene a un tiburón con su pie. ¡CON SU PIE, WEON!”

Calificación: 4/10

MVP: El perrito que casi se come el Megalodón.