“Thunderbolts” (2025)

Desde el año pasado, con su presentación en San Diego Comic-Con, el MCU mostró su determinación por corregir su rumbo hacia el final de la Saga del Multiverso, el segundo capítulo dentro de su universo cinematográfico. Si hubiera una palabra para describir los proyectos que han llegado desde Avengers: Endgame, sería desigual. Con proyectos de gran recepción y excelente storytelling, como Guardians of the Galaxy Vol. 3 o Agatha All Along, y genuinos desastres como Ant-Man and the Wasp: Quantumania, el MCU ha batallado para volver a encontrar su estribo. ¿A qué se le puede atribuir? No hay una sola respuesta, pero algunas de las razones pueden ser la abundancia de proyectos tanto en cines como en Disney Plus, la pérdida de una visión cohesiva, y una que no se ha discutido lo suficiente: el cambio generacional.

Thunderbolts es una de las primeras cintas de este universo que abrazan los triunfos de los Vengadores como algo de antaño, algo de “otra generación”, y algo que quizá nunca vuelva a repetirse con la misma magnitud, y busca que eso repercuta en la historia. En ello es donde Thunderbolts logra despegarse de varias de las películas que le han antecedido: precisamente en reconocerse como algo distinto y un firme paso hacia adelante. Al decidir incluir temáticas no tan exploradas en el género, como la salud mental y la depresión, la cinta logra presentar una mirada diferente a la figura del héroe.

Thunderbolts presenta a un grupo de supervillanos poco convencional que es reclutado para hacer misiones para el gobierno: Yelena Belova (Florence Pugh), Bucky Barnes (Sebastian Stan), Red Guardian (David Harbour), Ghost (Hannah John-Kamen), Taskmaster (Olga Kurylenko) y John Walker (Wyatt Russell). Después de verse atrapados en una trampa mortal urdida por Valentina Allegra de Fontaine (Julia Louis-Dreyfus), estos marginados deben embarcarse en una peligrosa misión que los obligará a enfrentarse a los recovecos más oscuros de su pasado. Florence Pugh es el alma y motor de la historia, y es Yelena quien atraviesa el mayor desarrollo de personaje en la película.

Lo mejor de la cinta radica en la dinámica que existe entre su roto grupo de personajes, quienes en su mayoría reciben un mejor trato que en proyectos anteriores. Es este grupo de antihéroes el que, por medio de un gran trabajo de diálogo, logra impulsar la historia hacia adelante, en medio de un caos sumamente disfrutable y entretenido. Tal vez Thunderbolts no revolucione el género del cine de superhéroes, e incluso cargue con algunos de los vicios naturales del mismo, pero no se excede en tratar de emular el pasado.

Si buscas una nueva mirada al universo de Marvel con un grupo de misfits, es la película para ti. Ah, y quédate para ambas escenas postcréditos.

“The Brutalist” (2024)

Tres horas y treinta y cinco minutos pueden sonar intimidantes, ¿no? En medio de la temporada de premios, llega una espectacular visión de la historia del migrante en Estados Unidos de la mano del director Brady Corbet (Vox Lux).

Una dirección pulcra y atinada lleva a la cinta a convertirse no solo en un desmenuzamiento del ajeno llegando a una nueva realidad, sino en una exploración de la mera experiencia humana entre torbellinos, caos e incertidumbre. The Brutalist, mientras más se analiza, más destaca tanto en sus ámbitos narrativos como técnicos, con un minucioso ritmo en su estructura. Dos grandes secciones, separadas por un intermedio de quince minutos, cada una con sus fortalezas: una primera mitad centrada en la determinación de nuestro personaje principal, en su resiliencia por un mejor porvenir, aunque con los cimientos tanto de su obra como de su desenfrenada caída; y una segunda mitad tensa, incluso asfixiante, con la introducción de personajes que llegan a sacudir completamente el transcurso de la historia. Su intermedio de quince minutos no solo funciona para aliviar el ritmo de la película, sino para marcar claramente el inicio del punto más tenso de la historia.

La temática central podría ser la creación en contra de su creador: cómo la obsesión de László Tóth por concluir la obra más importante de su vida lo va desmoronando, irónicamente, mientras más avanza la construcción del megaproyecto. En The Brutalist, su personaje principal es pieza central y engranaje, siendo excepcionalmente bien construido en todos sus ámbitos. Adrien Brody (The Pianist) hace un brillante trabajo en encapsular todas las virtudes y vicios del personaje principal. Ambicioso aunque dócil, László refleja una dualidad que también vive como migrante en Estados Unidos, donde es rezagado debido a sentimientos antisemitas y de xenofobia.

La cinta no solo desmenuza el anhelado sueño americano, sino que se convierte en una historia humana sobre nuestro legado, nuestras ambiciones y nuestras debilidades, las cuales se ven envueltas en un caos creciente y, por qué no, brutal.