“The Brutalist” (2024)

Tres horas y treinta y cinco minutos pueden sonar intimidantes, ¿no? En medio de la temporada de premios, llega una espectacular visión de la historia del migrante en Estados Unidos de la mano del director Brady Corbet (Vox Lux).

Una dirección pulcra y atinada lleva a la cinta a convertirse no solo en un desmenuzamiento del ajeno llegando a una nueva realidad, sino en una exploración de la mera experiencia humana entre torbellinos, caos e incertidumbre. The Brutalist, mientras más se analiza, más destaca tanto en sus ámbitos narrativos como técnicos, con un minucioso ritmo en su estructura. Dos grandes secciones, separadas por un intermedio de quince minutos, cada una con sus fortalezas: una primera mitad centrada en la determinación de nuestro personaje principal, en su resiliencia por un mejor porvenir, aunque con los cimientos tanto de su obra como de su desenfrenada caída; y una segunda mitad tensa, incluso asfixiante, con la introducción de personajes que llegan a sacudir completamente el transcurso de la historia. Su intermedio de quince minutos no solo funciona para aliviar el ritmo de la película, sino para marcar claramente el inicio del punto más tenso de la historia.

La temática central podría ser la creación en contra de su creador: cómo la obsesión de László Tóth por concluir la obra más importante de su vida lo va desmoronando, irónicamente, mientras más avanza la construcción del megaproyecto. En The Brutalist, su personaje principal es pieza central y engranaje, siendo excepcionalmente bien construido en todos sus ámbitos. Adrien Brody (The Pianist) hace un brillante trabajo en encapsular todas las virtudes y vicios del personaje principal. Ambicioso aunque dócil, László refleja una dualidad que también vive como migrante en Estados Unidos, donde es rezagado debido a sentimientos antisemitas y de xenofobia.

La cinta no solo desmenuza el anhelado sueño americano, sino que se convierte en una historia humana sobre nuestro legado, nuestras ambiciones y nuestras debilidades, las cuales se ven envueltas en un caos creciente y, por qué no, brutal.